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VIRGEN DE LOS RÍOS, DE RASAL

Por Domingo | 29 de Julio de 2011

Rasal G092Las gentes de Rasal, con la familia de mi alumno y amigo el archivero Juan Carlos Puente, han hecho mucho por recuperar el patrimonio de este enclave altoaragonés. Y hablando de Rasal, podemos recordar que dentro de las típicas imágenes sustentantes podemos situar la talla de la Virgen de los Ríos l, de la que señala el padre escolapio Mur (1995) que “se trata de una de las llamadas “Vírgenes Negras”, debido a la coloración de su piel”. Esta efigie nos pone en contacto con el apasionante mundo de la espiritualidad en el valle del Garona, en un espacio muy cercano al lugar de Aquilué donde existe otra advocación vinculada a los ríos.

La talla es de una gran calidad, tal y como se refleja en el tratamiento de los ropajes y además es muy notable la efigie del Niño, en la que se ha construido una representación de Jesús al modo de los clásicos Cristos en Majestad, el conocido Pantocrator, que protagonizaron la pintura románica. Esa sería la cuestión más notoria de esta pieza y además ese clasicismo en el vestuario de Cristo, que lleva un rotundo Rollo de la ley en su mano izquierda, nos llevará la atención hacia el oriente aragonés.

Comenzando por la imagen de María, podemos anotar que no estuvo coronada, siendo moderna la corona de plata que lleva. Hoy, este elemento que distorsiona toda su estética, se ubica sobre el paño que le cubre la cabeza y que –con toda la imprecisión a que nos obligan las alteraciones de los repintes- .parece responder a una túnica con capucha sobre la que se extiende el manto que cae por los hombros marcando grandes pliegues hasta que llegan a los antebrazos. Pudiera simular que lleva cinturón con esa banda dorada, del mismo color que el pasador que sujeta el manto a la altura del cierre. La túnica, de color rojo, cae por las rodillas remarcando su anatomía y desarrollando un abanico de pliegues sobre el calzado que recuerda mucho a la terminación de las túnicas de algunas imágenes ribagorzanas.

En esta continua referencia a las claves del quehacer escultórico de los territorios orientales del reino aragonés, no se nos debe escapar tampoco que los rasgos del rostro están cercanos a la imagen de Graus, con esa rectilínea nariz y ese alargamiento de las facciones que, por otro lado, no deja de ser común a las tallas que podemos situar en la primera mitad del siglo XII. No hace falta completar la descripción de la efigie puesto que se trata de una típica Virgen románica, en la que el Niño ha adquirido gran protagonismo y en la que la túnica adquiere una nueva dimensión que nos recuerda representaciones del tema de constatada antigüedad.

Aunque no podemos en este momento apostar por la idea de que las imágenes más antiguas estuvieran todas vinculadas a un primer grupo de artistas afincados en el entorno de Roda de Isábena, en tiempos de san Ramón del Monte, lo cierto es que el estudio de algunas piezas como ésta que se conserva en Rasal nos invita a pensarlo. Mientras tanto y a la espera de nuevas investigaciones hay que apuntar que esta talla oscense se debe situar en la segunda mitad del siglo XII, quizás en los primeros años de esa secuencia . En todo caso el recuerdo maravilloso de una ermita que sólo ha quedado en el recuerdo que sostienen unas ruinas.

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