Nuestra Señora de los Ángeles, en Torreciudad
Por Domingo Buesa | 27 de Diciembre de 2009
La imagen de la Virgen de Torreciudad, hecha en madera de álamo y con una altura de 83 centímetros, ha sido recientemente restaurada y dotada de una cubierta metálica (delgada capa de oro) en la que se han sugerido posibles detalles ornamentales que pudieron no existir en la imagen primitiva. Su tez la sitúa entre las
y la bibliografía la ha ubicado en un amplio tracto cronológico que abarcaría los siglos X y XI. Evidentemente no es del siglo X aunque la imagen pueda tener notable antigüedad si nos fijamos en algunos detalles, que van desde la fuerte sensación de bloque compacto hasta la propia presentación de la iconografía de la Virgen-trono. El Niño se presenta ligeramente desplazado hacia el lado izquierdo y la Virgen mantiene los brazos paralelos, aunque la mano derecha la va girando levemente hacia arriba para presentar el atributo. Esta pieza, al igual que las coronas (sabemos por fotografías antiguas que la Virgen antes dejaba vistos los pliegues sobre la cabeza) han sido colocadas con ocasión de la restauración llevada a cabo hacia 1970.
El primer estudio que hice de esta imagen de la Virgen, actualmente ubicada en el moderno y magnífico Santuario construido junto a la ermita románica, vinculada a san Josemaría Escrivá que curó de una enfermedad tras ir en peregrinación a esta ermita, me llevó a fecharla en los entornos de la mitad del siglo XII, momento en el que curiosamente podemos documentar una visita del devoto rey Ramiro II a este sacro espacio. Pero, la comparación con el resto de las piezas y el propio conjunto de estilemas que ofrece la imagen, nos lleva a pensar que quizás pueda traerse -en este caso- a la primera mitad del siglo XII, posiblemente al segundo cuarto de esa centuria y siempre antes del año 1150.
Aunque podamos discutir su ubicación cronológica, cuando entramos en el intento de afinar mucho más, lo que sí está claro es su gran importancia en el conjunto de imágenes sedentes y su vinculación a los talleres ribagorzanos como ya se vio antes. Como últimas anotaciones sobre la Virgen de Torreciudad, hay que hacer expresa mención de ese fuerte bizantinismo que parece dar vida a la obra. Y tampoco debe dejarse de señalar la profunda similitud entre el rostro de esta imagen y el de Nuestra Señora de Villanúa, al igual que la comunidad de rasgos entre las dos representaciones del Niño, cuyos rasgos faciales parecen manifestar el mismo tratamiento formal. Cuestión esta que nos abre un interesante campo de estudio.
BIBLIOGRAFÍA: Manuel GONZÁLEZ-SIMANCAS, “La talla de la Virgen de Torreciudad” en Nuestra Señora de Torreciudad. IX Centenario. (Huesca, 1986), pp. 47-60. GONZALEZ-SIMANCAS (1998), pp. 13-18. BUESA (1994) pp. 193 A 198.
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