Nuestra Señora de los Ángeles, Villanúa
Por Domingo Buesa | 24 de Diciembre de 2009
Esta imagen trono, procedente de la antigua ermita del cementerio, se conserva en la iglesia parroquial de San Esteban, y se trata de una interesante talla vinculada a una piadosa leyenda que pretende buscar sus orígenes en una legendaria y milagrosa intervención, acaecida ante la pertinaz sequía ocurrida en el siglo VII. A pesar de ello, está claro que la talla, realizada en madera de pino policromada, no es de ese momento, aunque es una muestra muy primitiva de lo que es la iconografía mariana que se impone a fines del siglo XI. Esta representación de María como trono de la Sabiduría, con sus 71 centímetros de altura, es una de las imágenes que podemos considerar como pionera en todo este mundo devocional en tierras de Aragón.
Para su cronología hay que tener en cuenta que estamos en un espacio cultural totalmente vinculado al Camino de Santiago, en el que van a tener capacidad de decisión las monjas de Santa Cruz de la Serós, gracias a los importantes privilegios que les va dando el rey Pedro I, en torno al año 1097. Estas circunstancias harán posible el renacer del culto mariano en esta zona fronteriza, en este camino en el que se encuentran los peregrinos con las gentes de la capital económica del estado aragonés. Una época de esplendor económico y de crecimiento devocional, con la que es deudora la imagen de Villanùa a la que, sin dudar y cada vez con más seguridad, podemos inclinarnos a situarla en ese momento de los años finales del siglo XI y de los primeros del XII. En todo caso, sería una de las muestras más antiguas de la imaginería mariana románica en Aragón.
Esta propuesta la avala el estudio de la propia imagen. Sentada en un trono, con rica decoración pictórica en sus laterales, la Virgen se ha realizado con una intencionada sobriedad y sencillez que raya en el primitivismo (tratamiento de la túnica suelta, lisa…). Hay inexpresividad en sus rostros y el desarrollo de las formas volumétricas es nulo. El plantear una cintura muy estrecha potencia la verticalidad del conjunto, ayudada por la exacta ubicación del Niño en el espacio del teórico trono existente entre las rodillas de la madre. No hay que dejar de señalar la forma tubular de los brazos, que no se pegan al cuerpo y que potencian una forma singular de expresar su condición de Theotókos, forma tubular que se presentará también en la imagen de Viver.
Las actitudes son las habituales y la imagen de María tiene cierto aire que nos recuerda a algunas representaciones que de la Virgen se hace en las miniaturas altomedievales, como la Orante de la Biblia de Ripoll, realizada en la primera mitad del siglo XI, llamada de Farfa y conservada en la Biblioteca Vaticana. En esa ocasión, también la figura de la Virgen se delinea de manera simple, con esbozo ingenuo e infantil, acentuando con el vestuario su cadera… Todos ellos son rasgos que confirman su adscripción a ese momento del tránsito del año 1100.
Queda, por último, un asunto de cierta importancia y que se refiere a ese paralelismo que tiene la efigie de Villanúa con la figura estante de María que, al pie de la Cruz, se presenta en las tapas del Evangeliario de la reina Felicia, la esposa del rey Sancho Ramírez y madastra de Pedro I de Aragón. Esta obra –vinculada a un libro devocional de la reina aragonesa- sabemos que tuvo que ser realizada antes del año 1090.
BIBLIOGRAFIA: TRENS (1946), pág. 49, BUESA (1993), PP. 258-259. BUESA (1994), pp. 29 a 34.


27 de Diciembre de 2009a las 2:02 pm
Enhorabuena por este lugar de internet donde podremos saber más de estas obras de arte. Un cordial saludo