La escultura románica del Maestro de San Juan de la Peña
Por Domingo Buesa | 1 de Enero de 2010
José Luís García Lloret es el autor de un libro titulado “La escultura románica del Maestro de San Juan de la Peña”, editado por la Institución Fernando el Católico (2005), en el que sintetiza su tesis doctoral sobre el artista más emblemático del románico aragonés, el análisis de la obra de ese maestro pinatense que el autor
considera un genio de la escultura, y del que hay que decir que estuvo entre dos corrientes: la tradición del románico clásico y la renovación de finales del siglo XII; justo en el momento en el que se detecta la influencia de la escuela castellana del monasterio de Silos. La vida de este artista aragonés coincide con el reinado de Alfonso II de Aragón (1162-1196) y con su trabajo sirve a dos mecenas: al obispo zaragozano Pedro Torroja y, a finales del siglo XII, al . Sea una sola persona o sean varias, está claro que detrás de estas obras hay un maestro que fija los criterios que configuran lo que podíamos llamar rasgos identificatorios de este modo de entender la escultura. Y como dice el propio autor: ”La gran sorpresa es que los símbolos más repetidos por el maestro, la bailarina contorsionada y la lucha del guerrero contra el monstruo-dragón, muestran conexiones con las religiones mistéricas y con la Alquimia, y permiten suponer que su taller se organizaba al estilo de las logias masónicas, en las que el maestro director era a la vez artista, filósofo y centro motor del taller”.
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Nuestra Señora del Camino, en Ena.
Por Domingo Buesa | 29 de Diciembre de 2009
En tierras cercanas a Jaca, en ese espacio que preside el monte Oroel, se encuentra la comarca de Sodoruel que guarda profundas vinculaciones con el mundo de San Juan de la Peña que potenció la puesta en cultivo de estas zonas en los inicios del siglo XII. Con estas dos referencias sociopolíticas, nos debemos acercar a una imagen que se ha conservado en la , un edificio del siglo XVIII que quizás sustituyó a un pequeño templo románico. Pero, si hacemos caso de la propuesta realizada por el padre Mur (1995) tendremos que reconocer que quizás la talla no sea originaria de este enclave puesto que podría haber llegado a la ermita de la Virgen del Camino, que dice “se levantaría a fines del siglo XVI” desde ”cualquiera de los despoblados existentes en la zona, que desaparecieron allá por el siglo XV”.
El caso es que la devoción está documentada ya desde el siglo XVIII, cuando el padre Faci (1739) explica que se encontró “donde oy se venera, entre unos Caxicos, especie de carrasca” aunque para que la ermita se ubicara aquí tuvo que obrar la Virgen un milagroso traslado de su imagen, desde la ermita que habían construido las gentes del lugar por encontrarse algo alejada del punto en el que aconteció la aparición. Una devoción de gran fuerza, sobre todo desde el mundo moderno, tal y como nos explica el padre Leante (1889) cuando habla de esta “preciosa escultura en madera, que mide 90 centímetros de altura, está derecha y tiene al Niño Jesús en sus brazos, ricos mantos la engalanan, debidos a la piedad de los fieles y al reconocimiento y gratitud de sus hijos favorecidos”.
Sin entrar en analizar la compleja descripción que hace el canónigo jacetano, sobre todo las dudas que siembra, esta talla que nos ocupa, conocida con la advocación de Virgen del Camino, tiene 90 centímetros de altura y está realizada en madera policromada, aunque haya que señalar que el fuerte cromatismo que observamos es el resultado de una repintado realizado seguramente en época reciente y que ha uniformado excesivamente las superficies de color, perdiendo definitivamente cualquier apunte de sombreado.
La primera sugerencia que nos provoca la contemplación de esta efigie, conservada en tierras jaquesas, es su ca
rácter popular pues parece tratarse de una talla en la que su autor ha sucumbido a la reiteración de un modelo habitual sin dejar concesiones a su creatividad. La imagen de María es la típica virgen-trono, muy hierática, inexpresiva, con los brazos al frente para enmarcar la imagen de Cristo que aparece en actitud mayestática, con los habituales gestos de bendecir con la derecha y de presentar el Libro sagrado con la izquierda. La Virgen por su parte abre la mano izquierda para ofrecer al Niño y sostiene en la diestra una pequeña esfera como signo mayestático de la soberanía de su propio Hijo sobre todo lo creado.
María está sentada en un trono muy sencillo, el habitual del siglo XII, con cuatro vástagos que ofrecen una cuidada y peculiar decoración en bandas y que se rematan en los clásicos elementos de forma semiesférica. Completando ese sentido real del trono, está la corona de la Virgen que ya hemos apuntado pudiera ser habitual desde la segunda mitad del siglo XII. María aquí conserva parte de su primitiva corona, que le sirve además para sujetar la toca blanca que se ajusta a la cabeza para acabar cayendo sobre los hombros y superponiéndose al manto que mantiene el usual color azul. Bajo éste, se encuentra la túnica roja que permite ver con rotundidad los pies calzados de la efigie, quizás de manera excepcional puesto que nunca nos encontramos con la representación de una túnica que no enmarque el calzado.
La vestimenta de Cristo ofrece importantes detalles a tener en cuenta. Por un lado debemos reconocer que lleva manto rojo y túnica verde, que se presenta descalzo como es de rigor y que está coronado. Pero además, conviene señalar que en esta efigie mariana no hay tratamiento volumétrico de los ropajes, los cuales carecen de pliegues y son excesivamente planos, salvo en el caso concreto de la túnica del Niño en donde sí hay plisados. Pero además de observar estos pliegues, el manto nos permite recordar las imágenes ribagorzanas en las que se cierra bajo el cuello. Esta capa cerrada se nos ofrece en importantes imágenes del siglo XII, las cuales también tienen esos pliegues verticales y rígidos que tiene el vestido del Niño.
Como consecuencia a todo lo dicho, podemos apuntar que esta talla de María considerada como trono pudo ser realizada en el segundo tercio del siglo XII, momento en el que podemos ver cómo existe una cierta conexión entre el tratamiento mayestático de algunas tallas jacetanas y el esquema racionalizado de las vestiduras ribagorzanas. No es lejana a esa rotunda inexpresividad que vemos en otras tallas del Pirineo occidental y desde luego bien podemos considerarla dentro de esa difusión de la devoción mariana que se da entre 1130 y 1160.
Las fotos las he tomado de la magnífica página de mi amigo García Omedes sobre el románico aragonés, puesto que si pongo las mías no podrían disfrutar con tanta nitidez de los detalles.
BIBLIOGRAFÍA. Ricardo MUR SAURA, Detrás de Uruel. Por los pueblos de mosen Benito, Zaragoza, 1995, pp. 80-81.
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El legado del profesor Santiago Sebastián
Por Domingo Buesa | 28 de Diciembre de 2009
Siempre es agradable recordar a esos profesores que han dedicado su trabajo y sus esfuerzos a comunicar y compartir sus investigaciones, a ser útiles y ayudar a los demás. Y uno de esos ejemplos es el del turolense Santiago Sebasti
án, que fue el autor de una obra muy importante para conocer lo que es la iconografía y todo el mundo que se mueve en torno a este concepto. Me refiero a su Mensaje Simbólico del Arte Medieval, que podéis leer en la edición realizada por Encuentro Ediciones, en Madrid el año 2009. Pagina a página, en cada una de sus 440, podemos descubrir que la liturgia es la clave para entender el arte cristiano y que, en consecuencia, no deberíamos hablar de un arte de formas ni de ideas sino de un arte de presencias.
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José María Pemán y la Virgen de Torreciudad
Por Domingo Buesa | 27 de Diciembre de 2009
El conocido poeta y dramaturgo gaditano José María Pemán (1898-1981), escribió este poema sobre el Santuario de Torreciudad y la Imagen mariana que lo preside.
Torreciudad, Torre-amor,
Torre-madre y Torre-Guía.
la piedra viril y dura
se ha convertido en ternura
a las plantas de María
Señora del nuevo día, Aurora del Pirineo.
Desde los valles te veo
como una torre de Amor.
La ciudad llegará a todos
si la torre llega a Dios.
Torreciudad es la estrella
clara y bella,
que conduce al peregrino.
Torreciudad
no es un alto en el camino:
porque Ella misma es camino,
Vida, esperanza y verdad.
Torreciudad entre breñas.
Tú que enseñas
a hacer de las piedras flores.
Torre-Amor
lección de claros amores.
Que once siglos son de amores
los que buscan esa flor.
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Nuestra Señora de los Ángeles, en Torreciudad
Por Domingo Buesa | 27 de Diciembre de 2009
La imagen de la Virgen de Torreciudad, hecha en madera de álamo y con una altura de 83 centímetros, ha sido recientemente restaurada y dotada de una cubierta metálica (delgada capa de oro) en la que se han sugerido posibles detalles ornamentales que pudieron no existir en la imagen primitiva. Su tez la sitúa entre las
y la bibliografía la ha ubicado en un amplio tracto cronológico que abarcaría los siglos X y XI. Evidentemente no es del siglo X aunque la imagen pueda tener notable antigüedad si nos fijamos en algunos detalles, que van desde la fuerte sensación de bloque compacto hasta la propia presentación de la iconografía de la Virgen-trono. El Niño se presenta ligeramente desplazado hacia el lado izquierdo y la Virgen mantiene los brazos paralelos, aunque la mano derecha la va girando levemente hacia arriba para presentar el atributo. Esta pieza, al igual que las coronas (sabemos por fotografías antiguas que la Virgen antes dejaba vistos los pliegues sobre la cabeza) han sido colocadas con ocasión de la restauración llevada a cabo hacia 1970.
El primer estudio que hice de esta imagen de la Virgen, actualmente ubicada en el moderno y magnífico Santuario construido junto a la ermita románica, vinculada a san Josemaría Escrivá que curó de una enfermedad tras ir en peregrinación a esta ermita, me llevó a fecharla en los entornos de la mitad del siglo XII, momento en el que curiosamente podemos documentar una visita del devoto rey Ramiro II a este sacro espacio. Pero, la comparación con el resto de las piezas y el propio conjunto de estilemas que ofrece la imagen, nos lleva a pensar que quizás pueda traerse -en este caso- a la primera mitad del siglo XII, posiblemente al segundo cuarto de esa centuria y siempre antes del año 1150.
Aunque podamos discutir su ubicación cronológica, cuando entramos en el intento de afinar mucho más, lo que sí está claro es su gran importancia en el conjunto de imágenes sedentes y su vinculación a los talleres ribagorzanos como ya se vio antes. Como últimas anotaciones sobre la Virgen de Torreciudad, hay que hacer expresa mención de ese fuerte bizantinismo que parece dar vida a la obra. Y tampoco debe dejarse de señalar la profunda similitud entre el rostro de esta imagen y el de Nuestra Señora de Villanúa, al igual que la comunidad de rasgos entre las dos representaciones del Niño, cuyos rasgos faciales parecen manifestar el mismo tratamiento formal. Cuestión esta que nos abre un interesante campo de estudio.
BIBLIOGRAFÍA: Manuel GONZÁLEZ-SIMANCAS, “La talla de la Virgen de Torreciudad” en Nuestra Señora de Torreciudad. IX Centenario. (Huesca, 1986), pp. 47-60. GONZALEZ-SIMANCAS (1998), pp. 13-18. BUESA (1994) pp. 193 A 198.
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Imaginería románica en la Rioja
Por Domingo Buesa | 27 de Diciembre de 2009
Para estudiar la imaginería mariana del románico en tierras de la Rioja, es necesario acudir al libro “Imaginería románica en la Rioja. Tallas de Cristo Crucificado y de la Virgen con el niño”, resultado de un interesante trabajo de Minerva Sáenz Rodríguez, doctora en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, que es una
importante estudiosa del arte medieval riojano. El libro, de 260 páginas, publicado por el Instituto de Estudios Riojanos el año 2005 , nos permite acceder al estudio de doce figuras de Vírgenes con Niño que se han conservado del mundo románico, justo en ese momento en el que la Virgen irrumpe con enorme pujanza como apoyo para el proceso espiritual de los hombres y mujeres de ese momento.
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Nuestra Señora de los Ángeles, Villanúa
Por Domingo Buesa | 24 de Diciembre de 2009
Esta imagen trono, procedente de la antigua ermita del cementerio, se conserva en la iglesia parroquial de San Esteban, y se trata de una interesante talla vinculada a una piadosa leyenda que pretende buscar sus orígenes en una legendaria y milagrosa intervención, acaecida ante la pertinaz sequía ocurrida en el siglo VII. A pesar de ello, está claro que la talla, realizada en madera de pino policromada, no es de ese momento, aunque es una muestra muy primitiva de lo que es la iconografía mariana que se impone a fines del siglo XI. Esta representación de María como trono de la Sabiduría, con sus 71 centímetros de altura, es una de las imágenes que podemos considerar como pionera en todo este mundo devocional en tierras de Aragón.
Para su cronología hay que tener en cuenta que estamos en un espacio cultural totalmente vinculado al Camino de Santiago, en el que van a tener capacidad de decisión las monjas de Santa Cruz de la Serós, gracias a los importantes privilegios que les va dando el rey Pedro I, en torno al año 1097. Estas circunstancias harán posible el renacer del culto mariano en esta zona fronteriza, en este camino en el que se encuentran los peregrinos con las gentes de la capital económica del estado aragonés. Una época de esplendor económico y de crecimiento devocional, con la que es deudora la imagen de Villanùa a la que, sin dudar y cada vez con más seguridad, podemos inclinarnos a situarla en ese momento de los años finales del siglo XI y de los primeros del XII. En todo caso, sería una de las muestras más antiguas de la imaginería mariana románica en Aragón.
Esta propuesta la avala el estudio de la propia imagen. Sentada en un trono, con rica decoración pictórica en sus laterales, la Virgen se ha realizado con una intencionada sobriedad y sencillez que raya en el primitivismo (tratamiento de la túnica suelta, lisa…). Hay inexpresividad en sus rostros y el desarrollo de las formas volumétricas es nulo. El plantear una cintura muy estrecha potencia la verticalidad del conjunto, ayudada por la exacta ubicación del Niño en el espacio del teórico trono existente entre las rodillas de la madre. No hay que dejar de señalar la forma tubular de los brazos, que no se pegan al cuerpo y que potencian una forma singular de expresar su condición de Theotókos, forma tubular que se presentará también en la imagen de Viver.
Las actitudes son las habituales y la imagen de María tiene cierto aire que nos recuerda a algunas representaciones que de la Virgen se hace en las miniaturas altomedievales, como la Orante de la Biblia de Ripoll, realizada en la primera mitad del siglo XI, llamada de Farfa y conservada en la Biblioteca Vaticana. En esa ocasión, también la figura de la Virgen se delinea de manera simple, con esbozo ingenuo e infantil, acentuando con el vestuario su cadera… Todos ellos son rasgos que confirman su adscripción a ese momento del tránsito del año 1100.
Queda, por último, un asunto de cierta importancia y que se refiere a ese paralelismo que tiene la efigie de Villanúa con la figura estante de María que, al pie de la Cruz, se presenta en las tapas del Evangeliario de la reina Felicia, la esposa del rey Sancho Ramírez y madastra de Pedro I de Aragón. Esta obra –vinculada a un libro devocional de la reina aragonesa- sabemos que tuvo que ser realizada antes del año 1090.
BIBLIOGRAFIA: TRENS (1946), pág. 49, BUESA (1993), PP. 258-259. BUESA (1994), pp. 29 a 34.
Iniciando el catálogo de la imaginería medieval aragonesa
Por Domingo Buesa | 24 de Diciembre de 2009
Comienzo la incorporación a este espacio, lugar de encuentro para todos aquellos que sientan pasión por la imaginería medieval, de diferentes imágenes de María que protagonizaron el día a día de nuestra tierra. Y lo hago además, en la víspera de la gran noche del nacimiento de Cristo, porque esas imágenes constituyen una permanente referencia a ese hecho singular, a ese momento único en la historia de la Humanidad. Como corresponde aclarar desde el principio las fuentes a las que deben acudir los estudiosos, incorporo un elenco bibliográfico al que remitirán las bibliografías de cada ficha. Y esta claro que en este sumar de imagenes cuento con las que vayais incorporando, con las fichas que deseis que se incluyan en este gran catálogo español de la Virgen Trono, de María madre de Dios mostrando al mundo a su Hijo.
BIBLIOGRAFÍA GENERAL DE REFERENCIA PARA LAS FICHAS DE IMAGENES ARAGONESAS.
Para poder comprender las referencias bibliográficas al final de cada monografía, se debe atender a esta ordenación por autor y año del trabajo. DEL ARCO (1913) para su “Iconología mariana en la provincia de Huesca”,
TRENS (1946); COOK-GUDIOL (1950) en el volumen VI de Ars Hispaniae. Historia Universal del Arte Hispánico; ABBAD (1957) para Catálogo monumental de España. Zaragoza; MONREAL (1972) para El Conventet. Colección de Escultura, tomo II; GAVIN (1972); SEBASTIAN (1974) para su Inventario artístico de Teruel y provincia; SEBASTIAN (1976) para “Algunas imágenes medievales turolenses”, en revista Teruel, nº 55-56 (Teruel, 1976), pp. 45 a 50. DURÁN-BUESA (1978) para Guía monumental y artística de Serrablo; NAVAL MAS (1980) para Inventario artístico de Huesca y su provincia. Partido judicial de Huesca; MARTINEZ (1987) ; IGLESIAS (1985), IGLESIAS (1987), IGLESIAS (1988) e IGLESIAS (1989) para Arquitectura románica. Arte religioso del Alto Aragón Oriental (Barcelona, 1985-1989) ; BUESA (1988) fichas en María en el arte de la Diócesis de Zaragoza; IGLESIAS (1989) para Roda de Isábena. Historia y Arte; FERNÁNDEZ-LADREDA (1989) para Imaginería medieval mariana; BORRAS (1991) para su Inventario artístico de Zaragoza y su provincia; BUESA (1991) para las fichas de El Espejo de nuestra Historia; GARCIA GUATAS (1992) para Inventario artístico de Huesca y su provincia. Partido judicial de Boltaña; LIAÑO (1993), CAMPO (1993) y BUESA (1993) para Signos. Arte y Cultura en el Alto Aragón Medieval; ESTEBAN LORENTE (1994) reedición de la Guía del Museo Colegial de Daroca (Madrid, 1975); BUESA (1994) para La Virgen en el Reino de Aragón.
LA IMAGINERÍA MARIANA MEDIEVAL
Nuestra apuesta por profundizar en su conocimiento científico y religioso
Por Domingo Buesa | 30 de Noviembre de 2009
En este mes de diciembre, justo en el tiempo litúrgico en el que caminamos hacia la celebración del nacimiento de Cristo, inicio otra nueva andadura en este mundo de las comunicaciones que siempre me ha cautivado y, que al final, puedo realizar –a mi humilde escala- siguiendo el buen ejemplo de mi amigo Antonio García Omedes. En esta ocasión, no va a ser un espacio en el que compartir sensaciones o impresiones sobre el acontecer diario. En esta ocasión, quiero que la apuesta sea construir un lugar de encuentro para todas aquellas personas que tengamos en común la pasión por la imaginería románica. En especial por las tallas de María como Madre de Dios, un tema al que he dedicado muchas décadas durante las cuales las he ido localizando para fotografiarlas y estudiarlas, recopilando información para completar sus fichas y buscando construir un corpus de la imaginería mariana medieval aragonesa.
Hoy, abrimos esta página sobre la imaginería románica en la que yo aportaré lo poco o mucho que sepa sobre la imagen medieval de María en tierras del Reino de Aragón, y en la que espero que ustedes aporten lo que sepan y quieran compartir sobre obras aragonesas o no aragonesas, puesto que de la mano de muchos de ustedes vamos a lograr la universalidad que es un buen apoyo para lograr buenas investigaciones. Por eso, les invito a que manden textos para incluir en esta pizarra mariana medieval sobre todo aquello que crean puede ayudar a lograr avanzar los estudios sobre estas tallas y esculturas. Que compartan fotos de obras concretas y sus conclusiones, que planteen dudas y sugerencias para que todos podamos colaborar en la tarea común de mejorar este campo de la Historia del Arte. Y por supuesto, estas páginas deben ser el tablón en el que se anuncien publicaciones sobre el tema, se cuelguen textos completos de artículos de investigación y se recuperen antiguas referencias bibliográficas. Sólo tenemos dos límites. El primero el que marca el objetivo –completar el conocimiento de la imaginería mariana medieval- y el segundo la obligación de mantener la elegancia académica de la tolerancia y el respeto, como pautas de los buenos profesionales.
Con esta imagen de la Virgen dolorosa de Castiliscar, un histórico lugar de las Cinco Villas aragonesas fundado por el rey Sancho Ramírez a fines del siglo XI, comenzamos esta andadura que deseo sea muy pronto un camino compartido por todos los amantes del mundo medieval.

